Mostrando entradas con la etiqueta Medea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Medea. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de mayo de 2013

'LOS MEDEOS' (LA VIOLENCIA DE GÉNERO EXTENDIDA).

La humanidad parece vivir inmersa en una sempiterna lid contra copiosos problemas y destinando, para su erradicación, ingentes esfuerzos que no siempre resultan fructíferos o eficaces y para nada eficientes si nos atenemos a la generalidad. Mas tampoco la población centra o consagra sus empeños de forma equidistante a todos los problemas. / Uno de esos problemas, que parece perseverar de forma inherente a la existencia de la sociedad y que no fenece, es la violencia de género. Un fenómeno que se ha mantenido demasiado tiempo preterido e invisible por y para la población, incluidas sus víctimas, y que es, sin duda, una de las manifestaciones más paradigmáticas de la iniquidad y de la maldad que puede residir en el ser humano -el hombre-, impropia hasta del más fiero e ignorante animal.

 A pesar de que es evidente un incremento de las políticas en defensa de la mujer, todos los días se nos presentan claras muestras de que los esfuerzos por extinguir estas prácticas diabólicas no son en vano pero que tampoco acaban de tener el efecto deseado. Los vehiculares medios de comunicación nos ofrecen, regularmente, nuevos ejemplos de víctimas del machismo -resultados irreparables-; “cada seis días muere una mujer a causa de la violencia de género en el mundo” (por no hablar de los conatos), aseveran los expertos[1]. [Estas muertes reflejan cómo ‘el machismo mata’, discurso que ha propugnado el feminismo y que ha supuesto, junto a otras acciones, una mayor concienciación de la problemática de un asunto que concierne a todos, que no es poco.]

Ahora bien, habiendo introducido ya el tema de la violencia de género, centrémonos en la relación que mantiene esta situación con la asignatura de referentes clásicos. Si nos fijamos en el título de este post comprenderemos mejor dónde reside la relación con esta asignatura. Se trata de la tragedia de Medea. Podemos decir que todo comienza con la búsqueda del vellocino de oro, que se encontraba bajo la tutela del padre de Medea, Eetes, por parte de Jasón y los argonautas. La actitud malévola del rey Eetes difería mucho de la de su hija Medea, que no hacía sino mostrarle su crítica desaprobación hacia sus actos para vituperarlo. Eetes, cansado de esa oposición, decidió encarcelarla, pero ella consiguió escapar precisamente el día en que los Argonautas arribaron a la orilla de Colco. A partir de ahí, Medea unió su destino al de Jasón. Enamorada de él, le ayudó para que consiguiera robar el vellocino y traicionó, con ello, a su padre y a su patria.  Una vez logrado el designio, Medea huyó con Jasón, que le había prometido casarse  con  ella.  Después, Jasón y Medea vivieron felices en Corinto  hasta que, un día, el rey Creonte quiso casar a Jasón con su hija y éste aceptó. Medea, presa de la vesania, decidió vengarse de su marido Jasón y no vio forma mejor que arrebatarle lo que más quería, a sus hijos. No se trataba de enterrar a Jasón, sino de provocarle la muerte en vida mediante el mayor de los castigos inimaginable para un padre, la muerte de sus hijos. Ella creyó que el castigo de talión para Jasón debía ser una tribulación que le carcomería las entrañas durante el resto de su fatal existencia por lo que envenenó a sus propios hijos.    

El caso es que la violencia de género ha derivado en una práctica todavía más detestable con su prolongación hacia unas víctimas que se encuentran en la total indefensión y que hacen cada vez más gruesas las listas de víctimas del machismo. Y aunque parece que determinadas acciones existen sólo en las creaciones ficticias del hombre, como por ejemplo el caso de Medea en la mitología griega, te das cuenta, desgraciadamente, de que no es así. Esta práctica es la VIOLENCIA DE GÉNERO EXTENDIDA a los niños, a los hijos, las víctimas colaterales cada vez más comunes de la violencia machista. Porque estos seres, a los cuales hemos tildado de ‘MEDEOS’, encuentran en los hijos, en el maltrato o el asesinato de SUS HIJOS la forma de dañar y de castigar a sus parejas o exparejas. Los agresores invadidos por una fuerza incomprensible deciden acabar con sus hijos para así castigar a sus parejas.

 La verdad es que no entiendo qué les ocurre a estas personas; mas queriendo pensar que estas personas son enfermas, me doy cuenta de la complejidad que conlleva clasificar a una persona como enferma, cuando ello implica liberalizar en cierta medida al sujeto de sus responsabilidades para trasladarlas a un ‘limbo incierto’. Siempre he creído, al menos desde que ‘tengo uso de razón’, que, tal y como diría Sócrates o Platón, quien actúa mal no es por maldad, sino por nesciencia e ignorancia. Pero llegados a estos extremos nos encontramos con acaecimientos que escapan de la maldad y de la ignorancia rozando, más bien, lo paranormal y te preguntas ¿qué podemos hacer con estos medeos? ¿qué puede hacer la sociedad para acabar con esto -partiendo de que no sabe qué es lo que lleva a estos seres a cometer tales prácticas-? La verdad es que no sé qué debemos hacer. No creo que la educación pueda ‘sanar’ a estos enfermos y mucho menos el castigo.

Cómo se le puede enseñar a un padre que matar a sus hijos e incinerarlos está mal, que disparar a sus hijos con una escopeta cual perdices está mal, que meter a su hijo en un microondas está mal… La verdad, estoy seguro de que es imposible enseñar a estos seres.

 Para más información:

[1] Ana García-Mina, Mª José Carrasco Galán. Violencia y género. Universidad Pontífica Comillas de Madrid.

martes, 30 de abril de 2013

MEDEA EN MITOS Y LEYENDAS

          En este post voy a comparar el episodio de Mitos y leyendas sobre Medea con la historia  de ésta.

        Según el Diccionario de Mitologia Griega y Romana de Pierre Grimal, Medea es hija del rey de la Cólquide, Eetes. Es, por tanto, nieta del Sol (Helio) y de la maga Circe. Su madre es la oceánide Idía. Sin Medea, Jasón no hubiera podido conquistar el toisón de oro; ella le da el ungüento que ha de protegerlo contra las quemaduras de los toros de Hefesto y adormece al dragón que custodiaba con sus hechizos. 
Una vez logrado el vellocino de oro, Medea huyó con Jasón y los Argonautas. Todas las leyendas concuerdan en este punto: él le había prometido casarse con ella, y todos los crímenes ulteriores de Medea quedan justificados, o siquiera explicados, por el perjurio de  Jasón. Para seguirlo y darle la victoria, la doncella no sólo había traicionado y abandonado a su padre, sino también se había llevado como rehén a su hermano Apsirto, al cual no vaciló en matar y despedazar para retrasar la persecución de Eetes.
El matrimonio de Jasón y Medea se celebró en el país de Alcínoo. La pareja vivió una temporada en Corinto, hasta el día en que el rey Creonte quiso casar a su hija con el héroe. Decretó el destierro de Medea, pero ésta consiguió demorarlo un día, tiempo que aprovechó para preparar su venganza. Impregnando con veneno un vestido, así como adornos y joyas, los envió por mediación de sus hijos, a su feliz rival. Tan pronto Creusa, la hija del rey Creonte, se las puso, la abrasó un misterioso fuego, y lo mismo ocurrió con su padre, que había acudido en su auxilio. También se incendió el palacio. 
Mientras tanto, Medea daba muerte a sus propios hijos en el templo de Hera y luego escapaba hacia Atenas volando en un carro tirado por caballos alados, regalo de su abuelo el Sol. Ella había huido a Atenas porque, según se decía, se había asegurado la ayuda de Egeo antes de cometer el crimen contra sus hijos. Declaró a Egeo que podría darle descendencia si se casaba con ella. Años más tarde trató, aunque en vano, de provocar la muerte de Teseo cuando éste llegó para hacerse reconocer por su padre. Entonces fue desterrada de Atenas y volvió al Asia, acompañada de su hijo Medo, que había tenido con Egeo y es el epónimo del pueblo de los medos. Luego regresó a la Cólquide, donde Perses había destronado a Eetes e hizo matar a Perses para restituir el reino a su propio padre.

         El vídeo cuenta la historia de Medea casi de la misma manera, excepto pequeñas diferencias. 
     - Aquí se nos dice que Apsirto, hijo del rey Eetes y hermano de Medea, era adulto. En el mito Apsirto es un niño, incapaz de tomar alguna decisión. 
      - Al final de la historia se nos presenta a una Medea llena de remordimiento. Esto tampoco es del todo verdadero, ya que Medea había planeado su huida a Atenas, junto a Egeo.